San Pablo de Tarso
UN CAMINANTE
Nuestro protector es San Pablo de Tarso, quien representa los valores y la espiritualidad que todo rutero debe tener como fin: fortaleza, compañerismo, audacia y humildad, entre otras.
Pablo nació en Tarso, en Cilicia. Ciudadano romano, hijo de judíos, se le conocía bajo los nombres de Saúl (heb.) y Paulus (lat.). Fue un irrestricto adversario de los cristianos, se dedicó a perseguirlos en Siria y otros lugares. Sin embrago, su espíritu violento y ese ardor indomable con que perseguía a los discípulos de Jesús se apaciguaron. Mientras iba camino a Damasco en búsqueda de sus víctimas, una voz poderosa lo botó de su caballo y lo envolvió: “Saúl, Saúl ¿por qué me persigues?” Saúl preguntó: “-¿quién eres tú, Señor?” la voz le respondió: “-Yo soy Jesús a quien tú persigues”.
Así, de perseguidor, Saúl, por la gracia de Jesucristo, se hizo defensor de su Iglesia, y convertido en cristiano tomó el nombre de Pablo, que significa “pequeño”, pues era de corta estatura y enfermizo. Durante treinta años trabajó como misionero, sin conocer el desaliento. Lo vieron predicando el evangelio en las tierras de Damasco, Chipre, fue a Jerusalén, recorrió las regiones de Siria, Galacia, Grecia y Macedonia. En Atenas pronunció un discurso en el Areópago y, entre otras cosas, dijo a los presentes que él anunciaba a ese Dios desconocido, creador de todas las cosas, que ellos veneraban y al que habían erigido un altar. Recorrió gran parte de Oriente y Occidente, predicando a judíos y gentiles. Esto tuvo enorme importancia en la expansión del cristianismo, pues, al trascender con su apostolado los limites del judaísmo, hizo que la Iglesia se convirtiera en universal.
En el concilio de Jerusalén hizo triunfar la idea de un apostolado universal, frente a las estrechas ideas de los judaizantes. Su actividad y sus escritos (Epístolas: a los tesalonicenses, a los corintios, a los romanos, a los gálatas, a los efesios, a los colosenses, a los filipenses) le valieron la hostilidad de los judíos. Fue encarcelado por los romanos, pero al par de años fue liberado y sin dar marcha atrás continuó sus viajes apostólicos. Al poco tiempo fue nuevamente arrestado para su posterior decapitación por ordenes de Nerón.
Esta es la vida de un hombre que propagó el cristianismo como idea universal de salvación, sin importar las fronteras ni el color de piel; su labor incesante le valió el título de Apóstol de los Gentiles.







